Era como uno de esos enanitos de Blancanieves. Ni el que domía, ni el tímido. No, ni el tercero, ni el que le seguía. Era el enojado, el gruñon. Y ella, lo amaba.
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Palabras, garabatos y nudos...
"Que me se caiga la legua a pedazos y no los pueda rejuntar si miento..."
la rompe como calificativo gruñon.
ResponderEliminarjajaja, buenisimo.
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